INTERÉS GENERAL
20 de Junio de 2026
"El río no es un recurso. Es un bien social", dijo Hernán Orduna

No es casualidad que, en estos últimos 15 años, la discusión sobre las vías navegables queda reducida a cuestiones de logística, comercio exterior o infraestructura portuaria. Pero, el ingeniero Hernán Darío Orduna propone una mirada más amplia y estratégica.

Ex vicegobernador de Entre Ríos (1991-1995), presidente de la Delegación Argentina ante la CARU (2006-2015), representante argentino ante la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP) y la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo (hasta 2015), subsecretario de Coordinación y Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores (hasta 2010), titular ad honorem de la Unidad Ejecutora Especial Canal Magdalena (2022-2023), y autor del libro “Para una política soberana en las vías navegables”, Orduna sostiene que el río y el frente marítimo constituyen mucho más que corredores de transporte: representan un componente esencial de la soberanía nacional, un factor decisivo para el desarrollo económico y un patrimonio ambiental cuya preservación compromete a las generaciones presentes y futuras.

En diálogo con ANÁLISIS recordó que las principales potencias del mundo mantienen bajo conducción estatal el control de sus sistemas fluviales. Citó los casos del río Mississippi en Estados Unidos, el Yangtsé en China y el Rhin en Europa para sostener que “las corporaciones transnacionales no pueden determinar la utilización de las aguas de un río”. A su juicio, la razón es sencilla: “La principal prioridad de las aguas no es la navegación, sino el consumo y los aspectos sanitarios. Entonces, planifican los Estados y deciden los Estados o deciden las corporaciones transnacionales”.

Desde esa perspectiva, interpretó que la disputa contemporánea por la Hidrovía Paraná-Paraguay y el Río de la Plata forma parte de un escenario geopolítico mucho más amplio. “Hoy se expresa por el neocolonialismo, que es la contracara del neoliberalismo”, afirmó al cuestionar la influencia de actores extranjeros sobre decisiones estratégicas vinculadas con el dragado y la administración de las vías navegables argentinas.

También consideró que Argentina mantiene una contradicción estructural: posee una enorme dimensión marítima y fluvial, pero continúa organizando su desarrollo como si fuera exclusivamente terrestre. “Tenemos más de 6.000.000 de kilómetros cuadrados vinculados al agua, mucho más que los 3.700.000 de tierra”, graficó. Y sintetizó esa paradoja con una imagen contundente: “Si estuviera en una clase de Ingeniería y me preguntaran dónde está el centro de masa de la Argentina, respondería: en el agua”.

Orduna también cuestionó la lógica de profundizar indefinidamente los ríos para adaptarlos a embarcaciones cada vez más grandes. “Ese es un principio básico y fundamental: adaptar los buques al río y no el río a los buques”, propuso. Y advirtió que insistir en convertir al Paraná en una autopista para embarcaciones oceánicas implica desconocer la dinámica natural de los ecosistemas fluviales y los límites ambientales que estos imponen.

En ese marco, defendió la necesidad de integrar la dimensión fluvial y marítima dentro de una misma estrategia nacional. “No podemos tolerar una Argentina partida, porque con eso nos dividen y nos debilitan”, afirmó. Por esa razón, consideró que el Canal Magdalena constituye una pieza central para fortalecer la conexión entre el sistema portuario nacional y el Atlántico Sur.

Sin embargo, el núcleo de su reflexión trascendió la discusión sobre infraestructura. Orduna vinculó directamente la gestión de los ríos con los desafíos ambientales del siglo XXI. Alertó sobre los efectos del cambio climático, el aumento de las crecidas y bajantes extremas, la erosión costera y las alteraciones en los ciclos biológicos de especies fundamentales para los ecosistemas de la Cuenca del Plata.

Para Orduna, la soberanía, el desarrollo y la sustentabilidad no constituyen dimensiones separadas. Son parte de una misma ecuación. Por eso concluyó que reducir el río a una simple vía para el tránsito de mercaderías representa “una ofensa al sentido común”. En su mirada, el sistema fluvial y marítimo argentino no sólo organiza la economía del país: también expresa una responsabilidad colectiva respecto del territorio, los recursos y bienes naturales y el futuro.

Por ello insistió en una definición que condensó toda su visión estratégica. “El río no es un mero recurso, sino un bien social estratégico”, afirmó. Y agregó: “Tenemos el deber frente a nuestros hijos y a nuestros nietos de preservarlo y entregarlo en iguales o mejores condiciones, pero nunca en peores”.

 

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